jueves, 16 de julio de 2009

Maelstrom y O'Hara -he vuelto-

Hace más de un mes que estoy mudo en esta parte de mi vida. No la internetosa, sino la bloggera, quizá no tenía un buen tema sobre el cual decir nada. Mentira, sí que tuve un montón de temas, pero no las ganas, incluso ahora es bien difícil descifrar los movimientos inconscientes de los dedos para teclear letras que sean palabras entendibles sobre el papel digital del Open Office...

Y bueno, en todo este silencio ¿qué he aprendido? Mucho ¿Y qué pude haber dicho? Demasiado ¿Qué voy a decir? Nada. Es mejor que se mantenga en el olvido de las paredes de mi cráneo, pues las heridas se lamen en la cueva, no son necesarias las indiscreciones, así como las victorias se celebran con una sonrisa sola y nada más porque no, no son necesarias las indiscreciones.

Eso sí, un sábado y malandaba por San José...

“Era un niño con tal vez una década de estar en esto de vivir, o tal vez un poco menos. Lo cierto es ue fue en el siglo pasado, en el milenio pasado y en la tele nacional Lo que el viento se llevó. No le puse mucha atención a la trama y la película era larga, la veía acaso por inercia y porque tal vez mamá quería verla, vayan ustedes a saber. Las peripecias de una familia sureña en una guerra que no entendí por qué se dio y una mujer frívola enamorada del hombre de otra. Mi madre hizo un par de intervenciones, o más no recuerdo, para traer el contexto de lo que sabía de la guerra civil gringa y lo de la esclavitud y por qué los negros eran esclavos y qué pasaba en el sur. ¿Esclavista del sur...? ¿William Walker...? La historia siguió y la familia sin dinero, muriéndose de hambre. Es aquí en un punto de esta parte de la película que vale la pena verla, no el incendio que maravilló al mundo en los años en que la cinta era nueva. Es de las imágenes que más ha dado vueltas en mi vida: un cielo rojo fuego que lo devora todo y las sombras de un árbol muerto, una tierra yerma y una Scarlett arrodillada frente al abismo de desesperación del que se levanta para decir con una esperanza desquiciada, con una tozudéz a toda prueba, 'Mañana será otro día'.

Y qué tan cierto.

Años después me propuse verla completa, la vez pasada había desistido, demasiado lenta y larga para un niño. De adolescente pude apreciar el drama, la desesperación, el contexto sociopolítico, el triunfo vacío y por sobre todo la actitud de hijodeputa con corazón de Rhett, imposible de olvidar y envidiado por mí, al menos en su actitud casi imperturbable y desenfadada ante los desplantes de chiquilla malcriada de Scarlett. Aún así, la escena del cielo ensangrentado siguió dándome escalofríos, aún ahora que escribo esto”


San José Centro

11 de Julio, 2009


Errr... aún no decido si estoy vivo o no. Pero al menos estoy escribiendo.


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